Comprender nuestras cosechas exige descifrar las capas geológicas depositadas durante milenios por el deshielo andino en la cuenca del río Las Tunas.
El subsuelo de Finca Bee Kind es el testimonio vivo de la fuerza fluvial de los glaciares andinos. Durante las glaciaciones del Cuaternario, violentas crecidas arrastraron toneladas de rocas ígneas y metamórficas desde las cumbres del volcán Tupungato y del Cordón del Plata, depositándolas en abanicos aluvionales sobre una matriz de arena fina y limo volcánico.
A profundidades que oscilan entre los 40 y los 110 centímetros, los cantos rodados se encuentran recubiertos por calcita o carbonato de calcio precipitado por el agua de escorrentía a lo largo de eones. Esta presencia mineral calcárea es la responsable directa de la sensación de tiza, tensión salina y textura lineal que caracteriza a los varietales de nuestra finca.
La escasa retención de agua en superficie obliga a las raíces de las plantas a perforar hasta cuatro metros de profundidad, explorando estratos minerales que nutren a la planta con potasio, magnesio y oligoelementos que no se encuentran en llanuras aluviales bajas.
Un régimen de luminosidad y temperaturas que redefine la madurez fenólica en la viticultura argentina.
Durante el período estival, las temperaturas máximas diurnas alcanzan los 30° C, mientras que al caer la tarde el viento catabático andino las hace descender hasta los 11° o 13° C, frenando la degradación de ácidos naturales.
Más de 300 días despejados al año aseguran una fotosíntesis continua y una lignificación perfecta de los sarmientos, evitando taninos verdes o astringencias agresivas en el fruto maduro.
Ausencia total de polución urbana e industrial. Las brisas permanentes que descienden de la cordillera secan el rocío matinal de inmediato, impidiendo el desarrollo de hongos y parásitos foliares.